¿Necesitamos herramientas nuevas para viejos retos?

2011-11-160 iruzkin

Cuando desde esta iniciativa nueva –y novedosa a mi entender- que es este espacio de Lurra sarea, me proponen plantear el primer tema de debate para la Web, lo primero que pensé fue en temas como el modelo territorial, el de transporte, el energético o el consumo,… pero algo no me acababa de convencer. Hay espacios –pocos pero existen- para tratar estos temas, pero yo no encuentro ninguno para debatir sobre el sujeto. Porque a estas alturas de la película creo que ya sabemos cómo se las gasta el “monstruo”, pero no como hacerle frente sin que nos devore.

Por eso este texto pretende ser una incitación –o una provocación si se quiere- al debate sobre las características que debería tener el sujeto colectivo para la defensa de la madre tierra en Euskal Herria en el siglo XXI. Aceptar de nuevo el reto que lanzó Oteiza de tocar el hombro de nuestras compañeras y compañeros para invitarles a detenernos y pensar en círculo, preguntarnos si nos llevan adónde queremos ir, y si los instrumentos de que nos hemos dotado para cambiar la dirección son los adecuados.

Pensar sobre si nuestras actuales herramientas organizativas, de comunicación o de movilización, son las adecuadas para responder a los retos que nos plantea hoy la defensa de la madre tierra, o si responden a un tiempo y a una sociedad –que para bien o para mal- ya no existe, y necesitamos otras nuevas. Interrogantes que, en cualquier caso, necesitan de un análisis y una respuesta colectiva. Porque aunque sean malos tiempos para la lírica, todavía queda savia viva en el movimiento popular para reinventarse, “gu sortu ginen enbor beretik, sortuko dira besteak, burruka hortan iraungo duten…”.

Cuando aquí se habla de movimiento popular en defensa de la tierra se refiere a un movimiento descentralizado, multiforme, omnipresente, y especialmente, holístico. Porque es incluyente respecto de distintas problemáticas y sectores sociales, desde el ecofeminismo a la salud laboral, desde el patrimonio histórico, la lengua o la cultura, a los aspectos identitarios tan determinantes en nuestro pueblo.

Esta biodiversidad del movimiento posibilita establecer innumerables nudos de red, multiplicando su valor y potencialidad, al facilitar la aparición de sinergias entre jóvenes agricultores, consumidores conscientes, pueblos indígenas, ecologistas, internacionalistas, arrantzales con artes tradicionales, ganaderos en extensivo, nuevo curriculum en la enseñanza, pueblos pequeños, salud pública,… Si la globalización económica se basa en el funcionamiento en red, si las nuevas tecnologías de la información están dando lugar a una sociedad en red, ya es hora de poner en valor un movimiento popular en red que pueda responder a los retos que plantea este nuevo paradigma.

Repensarnos porque los efectos de algunas de nuestras luchas son tan efímeros como los dibujos humeantes de los fuegos artificiales en el incomparable marco de la Concha. ¿Estar en la calle? Claro. ¿Recuperar y socializar la calle? Por supuesto. Pero todos los años hay procesiones en Semana Santa y los seminarios están vacíos. Para crear tejido social no vale con convocar manis en la calle Autonomía, hay que articular formas de comunicación, espacios de participación, fórmulas de movilización e instrumentos para la toma de decisiones radicalmente diferentes. Buscar un cambio del sujeto, de la organización, del fondo y las formas.

No se trata de asumir lo que pasa, aceptarlo como inamovible y adecuarse a la nueva situación desde parámetros inaceptables, se trata de articular mecanismos de cambio desde el reconocimiento de lo existente. La negativa a aceptar la realidad o dejarse llevar por la inercia, la comodidad de seguir haciendo lo mismo con algún pequeño cambio de matiz, supone asistir impasibles al dulce desangramiento de una muerte lenta. Cambiar una realidad que no nos gusta requiere reconocer lo que hay, el campo de juego, y mutar las formas de actuación que nos han llevado a este escenario.

Articular el sujeto del cambio social pasa por la configuración de una masa crítica capaz de hacerse valer, poliforma, con formas organizativas absolutamente abiertas y transparentes, una red con muchos nudos a la que poner a su servicio fórmulas de información, comunicación y acción totalmente horizontales.

La necesidad de buscar herramientas de trabajo, formas de actuación y mecanismos de resolución de conflictos cualitativamente diferentes a los actuales, debe ser motivación suficiente para superar las suspicacias y los obstáculos que en estos momentos imposibilitan siquiera debatir sobre una estrategia conjunta, no uniforme sino complementaria, acordada en sus aspectos nucleares.

Debate sobre las líneas generales de una estrategia conjunta, que debe tener en cuenta la búsqueda de sinergias con los demás movimientos populares que caminan en una dirección emancipadora, que ponen en cuestión el actual modelo de producción y consumo, apostando por llenar de contenido social cualquier proyecto de construcción nacional, porque no es posible ni admisible proyecto nacional alguno sobre la base del actual modelo de desarrollo.

Ante un escenario de desaparición de los días de humo y la tentación de poner todos los huevos en la cesta institucional, hay espacios que es necesario explorar, ahora con más ahínco que en el pasado. Ahí es donde este movimiento adquiere una importancia creciente como termómetro de la salud democrático-participativa de la sociedad vasca, de su capacidad para ser agente activo de su propia historia, cumpliendo por un lado el papel de agitador o despertador -zanpantzar- y contrapoder interno y externo tanto respecto de las tan férreas como caducas estructuras partidistas como de los atrapa-sueños cantos de sirena de las instituciones, y por otro lado canalizar –en el sentido de buscar sinergias- las energías creativas de los segmentos sociales más dinámicos.

En nuestras manos está responder a la invitación de Lurra Sarea para debatir sobre la creación de un marco de encuentro y acción, como punto de partida para abrir un proceso. Proceso basado en la articulación y puesta en valor de una extensa red colectiva, diversa, descentralizada y voluntaria, que se ha ido formando durante años. Red llamada a conformar un grupo de presión con la suficiente capacidad de interlocución y referencialidad, como para generar las condiciones sociales que hagan posible la recuperación del ecosistema natural, social y cultural.

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